Helena: ¿Sabes? He tenido una idea…

Manuel: ¿Otra? -me dijo en tono burlón, pues sabe que mi imaginación me bombardea con centenares de ideas imposibles-

Helena: Si… He pensado que podríamos organizar un taller de arte con niños refugiados.

Manuel permanecía en silencio, me miraba expectante, diría que interesado, cosa que me sorprendió e incluso, he de reconocer, que me inquietó.

Helena: Los niños se lo pasarían bien pintando. Podríamos enseñarles técnicas divertidas y sorprendentes con las que cualquiera de ellos pudiese hacer un cuadro que te diese ganas de colgarlo en casa.

Manuel: A que tipo de técnicas te refieres?

Helena: Por ejemplo utilizar rodillos, plantillas, moldes, sellos…Hay mil formas de poder expresar arte y hacer algo bonito.

Manuel: Entiendo…

Helena: Además podríamos organizar exposiciones para sensibilizar a la gente, y por que no, vender las obras de los niños. Con ello podríamos obtener recursos para financiar proyectos que repercutiesen en la mejora de la calidad de vida de los niños…

En ese momento vi su mirada perdida en el infinito. Su cerebro empezó a visualizar la idea como una realidad plausible.

Manuel: Hagámoslo.

Esto es lo que más admiro de mi hermano. Su tremenda capacidad para hacer realidad proyectos que la mayoría de los mortales solo construimos en nuestros sueños. Su confianza, su seguridad, su energía, su inagotable optimismo son la garantia de su éxito.

Pronto se unieron a nuestra aventura Yolanda y Natalia, y no habían pasado ni tres meses que ya estábamos en el campo de refugiados de Ritsona rodeados de niños. La experiencia fue muy enriquecedora. Nos contagiamos de sus sonrisas, de sus miradas, de su ilusión. Todos coincidimos en que aquella no seria la única vez y que queríamos volver a repetir con otros niños, con otros colectivos, en otros mundos.

Así es como nació Art&Smiles.